Lunes, 03 de agosto de 2020 - 18:29 h
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Marqués de Lozoya: El monumento

El escultor Julio López Hernández ultima el bajorrelieve en bronce de Juan de Contreras y López de Ayala que el Centro Segoviano de Madrid quiere colocar en una calle segoviana



 

Cuando, en 1993, el ‘Aula Marqués de Lozoya’ organizó los actos con motivo del centenario del nacimiento de Juan de Contreras y López de Ayala (1893 - 1978), ideó la realización de un monumento a este insigne segoviano. Sin embargo, diversas circunstancias han impedido que el proyecto llegara a ejecutarse. Pero ahora, el presidente del Centro Segoviano de Madrid, Antonio Horcajo, alma máter de la iniciativa, ha retomado aquel plan con la intención de que a la mayor brevedad posible el Marqués de Lozoya tenga “el monumento que Segovia le debe”.

“La vida y la obra de Juan de Contreras y López de Ayala merecen que Segovia le dedique un monumento”, asegura Horcajo, agregando que “defendió con entusiasmo” la ciudad donde nació, cuna de la que siempre presumía en sus viajes por el mundo. Además, el presidente del Centro Segoviano de Madrid recuerda que, entre otras responsabilidades, el Marqués de Lozoya acometió la recuperación del patrimonio pictórico español perdido en la Guerra Civil, ayudó a los nuevos creadores españoles en su etapa de director de la Academia Española de Bellas Artes de Roma y divulgó la Historia y el Arte españoles mientras ostentó el cargo de vicepresidente de la Hispanic Society of America. Para Horcajo, la hora de instalar el monumento “ha llegado”. “Ese trabajo, o lo hace nuestra generación o no lo hará ninguna, porque las siguientes habrán oído hablar del Marqués de Lozoya, pero no lo conocerán de primera mano; por eso urge que el pueblo de Segovia recupere ahora su memoria”, declara Horcajo. 
El artista al que se ha encargado el monumento es Julio López Hernández (Madrid, 1930), al que el presidente del Centro Segoviano de Madrid considera “el escultor vivo más importante de España”. “Hay escultores que transforman la masa, pero meter alma en la escultura lo hacen muy pocos; lo hizo nuestro Aniceto Marinas y ahora lo hace Julio [López Hernández] mejor que ninguno”, dice Horcajo.


El escultor, ferviente admirador del Marqués de Lozoya, destaca de él “su elegante entrega a los demás, sin buscar subterfugios para beneficiarse”. Y asegura que ve en Juan de Contreras y López de Ayala “pureza de espíritu”.


La creación de la obra ha sido un largo camino. De inicio, en 1993 López Hernández realizó dos bocetos, uno referido “a los paseos por la ciudad que daba el Marqués de Lozoya” y otro “más centrado en su personalidad, en la intimidad de su hogar”. El posterior proceso de decantación llevó al artista a optar por el primero, al entender que representaba mejor “la unión perfecta que existió entre el protagonista y su ciudad”. 
Así se gestó el bajorrelieve en el que López Hernández trabaja ahora, que será de bronce, y que le está suponiendo “un desafío”. “Los relieves que tienen un fondo en el que quiere describirse una ciudad —declara el escultor— tienen ciertos riesgos, pues hay que armonizar diversos elementos; primero se tiene que poner al protagonista y luego, trabajar en el paisaje”. La principal dificultad estriba en elegir la escala de los elementos de la composición. “A diferencia de la escultura redonda, donde se maneja la escala natural, en el relieve la altura y la anchura son distintas a la profundidad”, explica el artista, que no quiere fijar una fecha para acabar el trabajo. “Después de mucho tiempo embarcado en este proyecto, ahora toca que el relieve consiga belleza superficial; eso es complicado, y yo dejo que surja según su propia necesidad, no precipito las cosas (...) la obra tiene más interés si ella misma va imponiendo su crecimiento, no es cuestión de forzar”, dice López Hernández, en una clase similar a las que imparte en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. 


El bajorrelieve de López Hernández quedará instalado en una construcción, todavía no definida, de la que se encargará el prestigioso arquitecto segoviano Joaquín Roldán, al que se deben, entre otras restauraciones, el palacio de Mansilla en Segovia o el Salón Real de la Casa de la Panadería en Madrid. “El soporte del relieve será muy sobrio, muy sencillo, acorde con la personalidad del representado”, indicó ayer el arquitecto, quien avanzó que la obra del escultor “ya marca un camino claro” a la arquitectura aparejada a él. El monumento incluirá una dedicatoria , “Segovia guarda gratitud y memoria de Juan de Contreras y López de Ayala, Marqués de Lozoya, Grande de España por la cultura”. 
Horcajo mostró ayer su deseo de, una vez constituida la nueva corporación de Segovia, mantener una reunión con el alcalde para solicitar formalmente la instalación del monumento en una calle, cuyo nombre evitó señalar. Además, anunció que en las próximas semanas se abrirá una suscripción pública para financiar la obra.



EL ARTISTA

Nacido en Madrid en el año 1930, Julio López Hernández entró en contacto con la escultura muy temprano, ya que tanto su padre como su abuelo eran orfebres. Su formación reglada comenzó en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, pasando a los 19 años a la de Bellas Artes de San Fernando, donde entabló amistad con artistas de la talla de Antonio López García ó Lucio Muñoz.


Cuenta con el Premio Nacional de Artes Plásticas (1982). En 1986 fue elegido académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Entre sus obras más conocidas figura la colección de los escritores ganadores de los premios Cervantes. 

Ayer, mientras trabajaba en su taller madrileño en el bajorrelieve del Marqués de Lozoya, se sinceró para EL ADELANTADO. “Soy un amante de las obras bien hechas, y de que tengan una finalidad”, indicó. Desde su punto de vista, “el arte debe cumplir una finalidad, tener un destino”, algo que, a su entender “hoy en día es muy difícil, ya que se han mezclado factores comerciales, y la intervención de negociantes ha desviado su finalidad”. A diferencia de los nuevos artistas españoles, muy preocupados por el marketing, López Hernández reconoció ser “un poco abandonado con mi imagen” y “no buscar la propaganda”. “A mí, lo que más me interesa es poder trabajar a gusto”, dijo. 

Sobre su obra, consideró que encaja en el movimiento de los “realistas madrileños”, de los que es uno de sus máximos representantes, junto con sus buenos amigos Antonio López García e Isabel Quintanilla. A pesar de figurar en ese movimiento, López Hernández advirtió que no es un “realista acérrimo”, y que en muchas de sus obras “me dejo llevar por el simbolismo”.

Esta noticia es a través del El Adelantado de Segovia y se puede leer al completo en la edición impresa.

 

 

(08/06/2011)